Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta literatura uruguaya

PIES PLANOS por Verónica D'Auria

PIES PLANOS Ilustración ©Rossana Piccini 2017 La vieron cargando el cochecito azul del último, el sexto niño camino a la biblioteca. Buscaba algo de esparcimiento en uno de esos libros viejos, de hojas amarronadas de las grandes colecciones de los clásicos. Tenía ojeras rosadas debajo de sus ojos grises y bajo el crecimiento de la tinta oscura se veía su cabello de un blanco amarillento. Los funcionarios de la biblioteca la felicitaban por el niño y ella tensaba los cortos músculos para poder esbozar una sonrisa. ¿Qué llevás? Le preguntó una colega rubia del colegio que tenía un hijo preadolescente. Unas novelas de Jane Austen_le respondió. La otra maestra le acarició el pelo suave del bebé y le preguntó por el resto de su familia. Mientras hablaba y gesticulaba parecía moverse al ritmo de jazz sobre la biblioteca. Tocaba el aire y se deslizaba en él con levedad. Parecía no tomarse nada demasiado en serio. Miró lo que la otra llevaba. Una serie de policia...

BEBAL por Verónica D'Auria

 Erase que se era una ciudad llamada Bebal, que quedaba a orillas de un mar muy  azul que se volvía muy verde y muy gris en los días de tormenta.    Bebal no era una ciudad como otras ciudades con su calle principal y sus edificios principales, con sus rascacielos y sus parques.En realidad sí lo era, pero sólo en apariencia. Porque Bebal era una corbatocracia.   No estoy hablando de corbatas que hablaran y que gobernaran la ciudad.     Lo que sí ocurría en Bebal es que la corbata era para ellos no solamente el artículo más importante de la vestimenta sino también una pieza imprescindible para el funcionamiento normal de esa ciudad.      Es que en Bebal no solamente usaban corbata los bancarios y los oficinistas .Las mujeres también llevaban corbata (con moñitas y con flores pintadas), los niños y las niñas; los perros y los gatos en las plazas, los sapos, las girafas y los monos del zoológico. Hasta las mariposas si un...

EL NÁUFRAGO por VERÓNICA D'AURIA

EL NÁUFRAGO Tenemos como política no hacer demasiadas preguntas y aceptar en seguida todas las internaciones.  Esa madrugada la zona de las refinerías estaba tenuemente iluminada por las luces verdosas que envolvían a las chimeneas y el humo de las fábricas disolvía en pequeños círculos el fulgor de las últimas estrellas.   La ambulancia trajo al paciente final de la noche, al que todos mirábamos llegar desde la ventana de la sala de guardia. Debajo, el patio de entrada estaba cubierto por una enredadera junto a la cual el jardinero se empeñaba en cultivar canteros de peonias y rosales que nadie miraría, sumidos como estaban todos en los grandes tormentos de su mundo interior.  Ileana estaba junto a la puerta fumando el tercer cigarrillo de la noche y escuchando una melodía altísima en el MP3, esperando que llegara alguna orden. Vio como lo sacaban de la camilla aunque solo pudo notar que se trataba de un hombre más bien joven con los brazos demasiado ...

"EL CASTILLO" por Verónica D'Auria

Ilustración: Rossana Piccini EL CASTILLO Verónica D'Auria Tengo que construir un castillo pensó la niña y se dirigió hacia el agua pero se detuvo cerca de la orilla. Tengo que construir un castillo grande que tape mi visión de la isla pensó . Un castillo con pinitos como el baño fundido de una torta que se va chorreando en capas Tengo que hacer un pozo grande alrededor de un círculo de arena , pensó, y con la pequeña pala de plástico verde trazó un círculo imp erfecto pero que igual servía para completar sus planes. Tiene que tener conchillas en las ventanas y un foso profundo lleno de algas pensó. Mientras tanto se secaba el sudor que le corría entre el cerquillo desgreñado. Tiene que ser muy alto, más alto que el horizonte pensó mientras formaba un cono de arena en donde antes había trazado un círculo amplio y ponía sobre el montículo la palma pequeña de su mano sabiendo que la marca era también precaria y perecedera. No va a tener dragones ni príncipes pensó. Solam...

IDEA VILARIÑO

Montevideo, Uruguay (1920-2009) LA SOLEDAD Esta limitación esta barrera esta separación esta soledad la conciencia la efímera gratuita cerrada ensimismada conciencia esta conciencia existiendo nombrándose fulgurando un instante en la nada absoluta en la noche absoluta en el vacío. Esta soledad esta vanidad la conciencia condenada impotente que termina en sí misma que se acaba enclaustrada en la luz y que no obstante se alza se envanece se ciega tapa el vacío con cortinas de humo manotea ilusiones y nunca toca nada nunca conoce nada nunca posee nada. Esta ausencia distancia este confinamiento esta desesperada esta vana infinita soledad la conciencia. Leer Artículo: Idea Vilariño, poeta entre todos. .

"LOS RUIDOS" por Verónica D'Auria

Los ruidos Verónica D'Auria Abrió el ropero y pasó su mano por todos los trajes que usaba para las galas. Tocó el vestido de otoño, drapeado a la manera de una túnica griega. Estaba el otro de seda color crema, con rosas bordadas en relieve. Había uno turquesa con encaje, que al pasar la yema de los dedos sentía el tafetán de la falda. Tenía, si los contaba, más de treinta colgados, ordenados, esperándola. Cada noche de gala él escogía uno y lo ponía estirado sobre la cama que ambos compartían, yaciendo así, esperando que su cuerpo le diera forma y quizás también un poco del movimiento que necesitaba para poder brillar en el mundo. Sabía que debía maquillarse a tono con el vestido y así entrar en la platea del teatro grande que estaría lleno de dignatarios locales y extranjeros, prontos a escuchar la música que él dirigiría. Usaba siempre una misma batuta, que desde cerca se veía vieja y algo resquebrajada, ya que la había conseguido en la época en que su madre lo acompañab...

OTRO CUENTO POR LETICIA FEIPPE

Leticia Feippe “QUISIERA SER MÁS PUTA” La cama estaba destendida y casi amagué a tenderla. Después me dije "para qué" y me le senté arriba. Eran las diez de la noche y nadie iba a visitarme a esa hora. Me paré. Caminé hasta mi escritorio y agarré el control remoto del equipo que me había comprado con mi primer sueldo. Volví a la cama y apreté power. El equipo no se prendió. Me paré. Caminé hasta mi escritorio y prendí, sin usar el control, el equipo que me había comprado con mi primer sueldo. Volví a la cama y me acosté boca abajo. El síndrome de sábado en casa había empezado. No quise llamar a nadie. Mis amigas seguramente saldrían con sus novios y mis cuasinovios con sus otras amigas. El teléfono sonó tres veces. Todas las llamadas eran para mi hermano que no estaba. Empecé a contarme cuáles eran los beneficios de la soltería y me sentí contenta conmigo misma. Número uno: no tenés que ponerte lo que a él le gusta. Número dos: no tenés que explicarle quién es el ...