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Mostrando las entradas de 2012

EL NÁUFRAGO por VERÓNICA D'AURIA

EL NÁUFRAGO
Tenemos como política no hacer demasiadas preguntas y aceptar en seguida todas las internaciones.  Esa madrugada la zona de las refinerías estaba tenuemente iluminada por las luces verdosas que envolvían a las chimeneas y el humo de las fábricas disolvía en pequeños círculos el fulgor de las últimas estrellas.   La ambulancia trajo al paciente final de la noche, al que todos mirábamos llegar desde la ventana de la sala de guardia. Debajo, el patio de entrada estaba cubierto por una enredadera junto a la cual el jardinero se empeñaba en cultivar canteros de peonias y rosales que nadie miraría, sumidos como estaban todos en los grandes tormentos de su mundo interior.  Ileana estaba junto a la puerta fumando el tercer cigarrillo de la noche y escuchando una melodía altísima en el MP3, esperando que llegara alguna orden. Vio como lo sacaban de la camilla aunque solo pudo notar que se trataba de un hombre más bien joven con los brazos demasiado pálidos.   Hizo el camino de vuelta ha…

HAIKUS

HAIKUS  





I Aquí estoy viendo Por entre las palabras Paisajes blancos.

II Las noches del sur Ven el alma del cielo En las estrellas.

III Oscura noche Paseante viva y veloz Me arrastra el alma.


IV Inagotable Manantial de tristeza Dentro del pecho


V La roca tibia Cuida del mar / profunda Mi barrosa alma.


VI Sólo describo Lo que nunca he visto Para poder ver.

VII Ella existe /

PISCIS - UN CUENTO ANTIGUO

PISCIS 
por Rossana Piccini
Why fade these children of the spring, born but to smile and fall?’ William Blake(The Book of Thel)

“…meio a meio o rio ri por entre as árvores da vida o rio riu, ri por sob a risca da canoa o rio riu, vi o que ninguém jamais olvida ouvi ouvi ouvi a voz das águas…” M. Nascimento – C. Veloso (A Terceira Margem do Rio)

Hubo un día, mucho tiempo atrás, en que una niña de la selva apareció en la orilla del mar. Yo estaba allí y la vi llegar: bajo sus pies la tierra cobriza parecía convertirse en una alfombra bordada de hierbas y flores silvestres que la conducía, como a una novia, hacia un altar de arena, espuma y sal. Su vestido casero de blanco algodón se ondulaba a cada paso como la superficie de un lago agitado por el viento. Su cabello despeinado era una mata de juncos coronada por cardos violáceos y su colgante de cristal de cuarzo reflejaba la luz que nacía del sueño y esa luz al tocar la tierra se multiplicaba en pequeños haces de luces de colores - por esto s…