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LA LIBÉLULA MÁGICA

5.12.11

Acerca de alondras y ruiseñores (Helena Modzelewski)



Hoy es uno de esos días en los que vale la pena leer estas cosas:

http://helenamodzelewski.blogspot.com/2011/06/mujeres-de-todos-los-colores-y-lo.html

Esto sucede un martes 13 del año 2010. Lejos de ser un día ominoso, como la fecha anticipa, éste es el día que recordaré con más cariño en el taller. Mis mujeres han decidido ellas mismas esperarme en el salón de actividades para niños, que durante la semana está desocupado porque los niños están en la escuela. Lo han decidido así para estar “más tranquilas”. Allí me conduce una de las educadoras, y al entrar me encuentro con Silvana y Ximena sentadas a una mesa muy baja, sobre sillitas confeccionadas a la medida de los chiquitos que allí trabajan, como en los jardines de infantes. Silvana tiene a su bebé en brazos; está dándole pecho, y alrededor de la mesa camina, gatea y salta el chiquito de Ximena, que se entretiene con los diversos juguetes de la salita.
He traído un tomo de Las mil y una noches con grabados antiguos y tapa dura, que hay en mi casa desde hace muchos años y cuyo origen es oscuro. Se quedan mirando la reliquia que emerge con dificultad de la boca de mi bolso. Comienzo a explicarle a Silvana, que estuvo ausente el martes pasado, por qué traigo este respetable tomo, pero Ximena me quita la palabra. Que Karina se llama también Scheherezade, que Scheherezade es la narradora de los cuentos de las Mil y una noches, que Aladino es uno de esos cuentos, que Scheherezade se había casado con un sultán que mataba a sus esposas al amanecer de su primera noche de bodas, que Scheherezade lo había conquistado con sus cuentos y por eso había sobrevivido mil y una noches, hasta que el sultán, enamorado de ella, ha cambiado y decide seguir con ella como esposa para siempre. Me asombra cómo prestó atención en la sesión pasada. Muchas veces tengo la impresión de que están absortas en sus propias historias, buscando la mínima excusa para ponerse a escribir como desaforadas. Pero el relato de la narradora de las Mil y una noches ha cautivado a Ximena, y ahora también a Silvana, que la escucha y exclama con entusiasmo, tal vez porque intuyen que la narración puede convertirse en una tabla de salvación para ellas mismas, al igual que para la Scheherezade de la leyenda. Contar historias salva, por eso ha resultado una fuente de inspiración.

13.2.11

CRÓNICA DE UNA AMÉRICA AFRICANA - por Leticia Feippe



Fuente: El País Cultural (Montevideo, Uruguay)
Ilustración:  Rossana Piccini

SAN BASILIO DE PALENQUE, COLOMBIA

Crónica de una América africana



Leticia Feippe
UN ÓMNIBUS rojo, decorado con espejos, pompones e imágenes de la Virgen María parte del mercado de Bazurto, en Cartagena de Indias. Al ritmo de la cumbia y el vallenato, atraviesa zonas suburbanas donde abundan las casas de bloques, la gente en la vereda, los puestos de fruta y los de llamadas a celular, tan frecuentes en Colombia. Cuando se detiene en un baldío conocido como el Terminal, algunos pasajeros bajan para subir a otro ómnibus con destino Mahates. También suben vendedores de pan, frutas, agua y películas en dvd. El conductor ata con un nudo lo que resta del cinturón de seguridad y arranca. Cuando llega al pueblo de Malagana, algunos pasajeros dejan el ómnibus y suben a las motos-taxi que aguardan en la parada. Van a San Basilio de Palenque, conocido como el Primer pueblo libre de América.
Es un día especial, el primero del Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque. Pero Palenque también es especial por otro motivo: en el 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró a este pueblo de afrodescendientes Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
En la plaza principal, la estatua de Benkos Biohó es más que elocuente: un grito en su cara, la mano hacia el cielo y las cadenas rotas. Biohó, líder histórico del pueblo, nació en Guinea Bissau y fue vendido como esclavo en Cartagena en 1596. Según la tradición oral, había sido un monarca en África. A fines del siglo XVI huyó, dirigió un levantamiento de poco más de 30 personas y fundó un pueblo que resistió los intentos de destrucción ordenados desde Cartagena, gracias a la destreza con que sus habitantes se desenvolvían en la ciénaga de la Matuna. Luego de años de lucha, logró una tregua en 1612 o 1613. Pese a esto, seis años después, Biohó fue detenido en Cartagena tras una riña y el gobernador mandó ahorcarlo. Murió en 1621.
ÁFRICA EN AMÉRICA. En Palenque viven tres mil quinientas personas pero debido al festival hay más. Algunos llegaron en el ómnibus que entra a las diez de la mañana, otros lo hicieron en las motos y luego, a las cinco de la tarde vendrán más en el segundo y último ómnibus que llega hasta el Centro. Los que no son de allí saludan a sus conocidos y buscan dónde quedarse. A las dos de la tarde, cerdos y mulas transitan mansamente calles de tierra cercanas al Centro.
Ana y Sofanor están de visita en casa de Socorro y conversan junto a la puerta. Socorro vive en una casa de adobe cerca del arroyo. Tiene dos habitaciones, dos camas grandes en las que duermen ella y tres niños, un fondo, una letrina. De las paredes del estar, que es también comedor y cocina, cuelgan cacharros y palanganas, cuidadosamente ordenados. Apoyada contra la puerta que da al fondo descansa una escoba casera. Hay portarretratos con fotos de las hijas de Socorro y Michi. Ésta trabaja en un parque cerca de Santa Marta y visita Palenque cada par de meses. También se ve un diploma escolar de María del Mar, una de las niñas. Sobre un cartón, al lado del ventilador, duerme la siesta un niño pequeño. Es hijo de Michi con otra mujer pero se queda con Socorro porque su madre está de viaje, trabajando. Cuando el niño despierta, Socorro lo abraza, le da un plato de arroz y dice que él tiene dos mamás. Socorro es amable. A quienes considera amigos o amigos del padre de sus hijas les ofrece comida, un lugar en su casa, agua. El agua corriente es un bien preciado en Palenque ya que no siempre está disponible. Depende del día y de la zona. No abunda en las casas, no existe en muchos baños.
Sofanor improvisa un recorrido por los principales sitios de Palenque: el arroyo donde muchas palenqueras lavan su ropa, el cementerio, la iglesia, la policlínica y el Centro.
En la calle principal se encuentra con Manuel Pérez, integrante de la Asociación de Productores Agropecuarios, Dulces Tradicionales y Servicios Etnoturísticos (ASOPRADUSE). Manuel saluda a un músico argentino que acaba de llegar. El músico grita emocionado: "¡Bienvenidos a África!".
En el pueblo hay muchos niños corriendo, jugando, bailando. "Propendemos a mantener la especie humana", bromea Manuel. Hay quienes tienen doce hijos o más y no es raro que los palenqueros pregunten al extranjero "¿cuántos hermanos tiene usted?" y luego, "¿y cuántos viven?".
Según Claudia Perilla, doctora de la policlínica, en Palenque hay muchas madres adolescentes. Hoy se procura que controlen sus embarazos y que vayan al ginecólogo en Cartagena si son primerizas. El centro de salud tiene dos camas y tres veces por semana va un dentista. La ambulancia se comparte con el pueblo de Malagana.
Sofanor saluda a la doctora y camina hasta su casa, donde su madre cocina con leña una sopa de carne, papa y topocho, un tipo pequeño de plátano. Mientras la sopa se calienta, la madre de Sofanor explica cómo se preparan el arroz con coco y el jarabe de totumo. En el living, Ángela Hernández, tía de Sofanor, mira una película cuya imagen no se ve del todo bien. Ángela dejó de trabajar debido a su edad. Hasta hace poco tiempo, vendía fruta en Cartagena. "Las viejas de antes llevaban 200 o 300 guineos en la cabeza", cuenta su sobrino. Ángela se coloca en la cabeza el latón que solía usar. Lo sostiene en perfecto equilibrio. Luego sirven la sopa. Simple, deliciosa.
PATRIMONIO LINGUÍSTICO. Además del español, los palenqueros hablan la lengua que surgió hace unos 400 años entre los esclavos que venían de diversos sitios y que huían hacia los palenques. "Antes, la gente del color suyo se burlaba y hasta el papá suyo se molestaba si hablaba esa lengua que era un espectáculo", dice Sofanor. Ahora la situación no es la misma y la lengua también se enseña en la escuela. De camino hacia el Centro, Sofanor saluda a un hombre de 80 años y le pide que hable en lengua. El hombre dice que no al principio pero luego accede entre risas.
Armin Schwegler, lingüista de la Universidad de California, sostiene que en la última década, la lengua se ha convertido en un símbolo de orgullo local y está resucitando palabras de origen africano. Según Schwegler, si bien la mayoría de las palabras es de origen latino, es posible ver la influencia de la lengua bantú llamada kikongo en las prenasalizaciones. "Dos", se dice "ndo", "bala" se dice "mbala". La segunda persona del singular "bó" parece uruguaya.
Manuel cuenta que en Palenque se educa para transmitir elementos culturales de los antepasados. "Se enseña la lengua, cómo sembrar, cuándo cortar un árbol para hacer madera", dice. Luego se despide con la frase: "Pá uto begá loke bó ke miní pandi Palenge, suto lo ke tá ki a senda kombilesa sí; asina ke bó polé miní kuando bó kele". "Para la próxima vez que vengas a Palenque", traduce, "todos nosotros, los que aquí estamos, somos tus amigos; así que puedes venir cuando quieras".
PATRIMONIO RITUAL. Murió un familiar de Sofanor, un hombre joven al que han vestido de amarillo. En la casa, las mujeres saludan a quienes llegan a dar sus condolencias. En la vereda de enfrente, los hombres conversan en una ronda. En el patio, un amplificador espera la noche. Es para poner la música que le gustaba al fallecido.
En Palenque, los velorios se extienden más allá del día del sepelio. Duran nueve noches. El ritual que los caracteriza y que también es un ritmo musical se llama lumbalú y significa "dolor colectivo". Del ritual participan familiares, amigos e integrantes del grupo social al que pertenecía el fallecido. Este grupo, llamado kuagro se forma en la infancia de acuerdo a la edad y zona de residencia de la persona, se mantiene durante toda la vida y tiene una participación activa en la preparación del velorio.
El lumbalú incluye música, baile, comida, bebidas, anécdotas, bromas, lágrimas y juegos. Algunas mujeres cocinan para todos, otras lloran, cantan y se comunican con los espíritus para que den la bienvenida al fallecido. Los tambores operan como nexo.
Según la antropóloga Laura Morales, quien hizo su tesis de grado sobre este rito, el lumbalú es un escenario de comunicación entre los ancestros y los palenqueros, tal como ocurre en culturas africanas. En su crónica "Una noche de lumbalú", Morales narra: "los tamboreros (…) tocaban con una fuerza y una vitalidad impresionantes (…). Los llantos que provenían de los cuartos se habían convertido en sonidos muy agudos, de unas características que (…) nunca pensé que una garganta humana pudiera producir".
Una de las cantadoras emblemáticas de lumbalú es Graciela Salgado, integrante del grupo "Las alegres ambulancias". Mientras fuma un cigarro y habla sobre una representación que hizo en Washington DC, Graciela recuerda: "Toco el tambor desde que estaba principiando (sic) a gatear".
MÚSICA EN LA NOCHE. Los palenqueros y la música viven en simbiosis. Cumbia, bullerengue, champeta, lumbalú, mapalé, son, chalupa, fandango y porro están presentes en la vida cotidiana de Palenque. Jesús Pérez, director del festival de tambores, explica que, aunque existe una escuela de música y danza (la escuela Batata), allí solo se recopila y perfecciona el conocimiento que los niños ya traen desde sus casas.
Esto se hace visible al caer la noche, cuando cientos de palenqueros bailan cumbia y puya al ritmo de los tambores cerca del escenario. También hay visitantes de otras ciudades que se acercaron por su devoción a la música o por estar vinculados de alguna forma al pueblo. Nyria Ramírez es una de ellas. Luego de trabajar en un proyecto de radio comunitaria en Palenque, se enamoró del lugar. Dice Nyria que allí hay personas que trabajan "para decirse a sí mismos y al mundo entero que en ese rincón de los Montes de María existe un pueblo negro resistente". "Me enamora cada familia que conozco, cada historia palenquera", agrega Nyria, "me enamoran sus hombres de negro azabache, de rostros impresionantemente bellos (…) me enamora su música de sexteto, que lo bailo con el corazón palpitando y mi sangre india hirviendo".
Nyria no disimula su emoción cuando le dicen que puede quedarse en casa de Rafael Cassiani, director del Sexteto Tabalá, uno de los grupos más populares de Palenque, reconocido en toda Colombia.
Cassiani, de 77 años, es músico desde niño. "Desde peladito", cuenta, comenzó a acercarse a los ensayos del sexteto de su tío, a cantar, a tocar las maracas y las claves. Hoy dirige un sexteto que actuó en Estados Unidos, Jamaica, Panamá y Ecuador. Cassiani comenta que está por viajar a Dinamarca y que en Francia sus discos marchan muy bien. Sin embargo, el director del Tabalá vive de la agricultura. "La música no da para vivir", dice. Manuel Valdez, timbalero del grupo, comenta: "el Tabalá tiene mala suerte, todos le prometen muchas cosas pero nadie cumple".
Cassiani camina hasta el escenario del festival. La plaza está llena de gente. Los tambores suenan en el escenario y la gente baila en la calle. Luego del espectáculo, hay una exhibición de documentales sobre la historia de Palenque y sobre la artista plástica Ana Mercedes Hoyos, quien encontró en las mujeres palenqueras una fuente de inspiración.
Durante cuatro días se acercarán al escenario unos dos mil espectadores. Habrá además talleres de música, de peinados y de lengua palenquera, muestras de artesanías, conferencias y un encuentro de medicina tradicional. También un "maratón masculino de la libertad", coordinado por la Escuela de Cultura Física, Recreación y Deporte "Kid Pambelé", nombre que homenajea al Campeón Mundial de boxeo Antonio Cervantes, oriundo de Palenque.
Cuando los documentales terminan, los asistentes al festival no quieren volver a sus casas. Entonces, a pocas cuadras de la plaza, se improvisa una fiesta con tambores y gaitas, un tipo de flauta indígena. "Esto recién empieza" es la frase que más se escucha. Absolutamente todos saben bailar. Sus cuerpos logran movimientos dignos de aplausos. Zoe, una estadounidense que investiga la danza colombiana, baila con los palenqueros como una local. Su pollerín se mueve tan rápido como sus caderas y ella ríe y grita: "¡Estoy trabajando!" Mientras tanto, en casa de Socorro, los niños duermen en una cama grande, tapados con una sábana.
A las tres de la mañana suenan las bocinas del ómnibus que en poco más de una hora saldrá para Cartagena. "Es para despertar a la gente", explica Socorro, mientras se levanta y se abriga con una toalla porque siente un poco de frío aunque la temperatura supere los 25 grados.
En la plaza, hombres y mujeres se ayudan unos a otros para subir bolsas al techo y latones con fruta y pescado al interior del vehículo. A las cuatro y veinte el ómnibus arranca. Aún se escuchan los tambores en la noche que ya está por irse, mientras el ómnibus recorre la avenida de tierra que lleva a la ruta, tocando bocina por si alguien no se levantó.

La historia

EL PRIMER DÍA de 1590, el cabildo de Cartagena comunicó una serie de normas para disuadir a los esclavos de la huida: cien azotes para quienes escaparan por quince días, extirpación del miembro genital a quienes lo hicieran por un mes y la muerte para quienes lo hicieran por un año. Sin embargo, los deseos por alcanzar la libertad fueron más fuertes que los castigos. Los palenques, pueblos que los negros fundaban y defendían, ya existían y siguieron existiendo.
En el libro San Basilio de Palenque: memoria y tradición, María Cristina Navarrete da cuenta del proceso que derivó en el actual San Basilio.
Durante el siglo XVII, a veces con la intermediación de la iglesia, los líderes de varios palenques procuraron negociar con Cartagena. Hubo algunos logros, como las reales cédulas que declaraban su libertad. Pero el cabildo y los vecinos de Cartagena no aprobaban esto. Argumentaban que los negros eran ladrones y que instaban a otros a rebelarse. Sin embargo, explica Navarrete, el pillaje solo fue frecuente en los primeros tiempos o en poblados pequeños ya que los palenqueros eran autosuficientes: tenían plantaciones y realizaban trabajos en estancias.
En 1693, el gobernador de Cartagena Sancho Jimeno de Orozco emprendió la lucha para destruir los palenques. En junio de 1694 los palenques de las sierras de María fueron atacados, pero no todos fueron apresados y el palenque resurgió. En 1713, el obispo de Cartagena Antonio Cassiani fue interceptado por un grupo de cimarrones que le solicitaron que intercediera por ellos. El obispo accedió. En enero de 1714 se llegó a una suerte de tratado que establecía que los esclavos criollos serían libres y que todos harían su aporte para que los que aún fueran esclavos pudieran comprar su libertad. El pueblo fue nombrado San Basilio Magno pues su primer sacerdote perteneció a la orden de dicho santo.

Ilustración: Rossana Piccini

24.2.10

"EL CASTILLO" por Verónica D'Auria


EL CASTILLO
Verónica D'Auria
Ilustración: Rossana Piccini
Tengo que construir un castillo pensó la niña y se dirigió hacia el agua pero se detuvo cerca de la orilla. Tengo que construir un castillo grande que tape mi visión de la isla pensó .Un castillo con pinitos como el baño fundido de una torta que se va chorreando en capas Tengo que hacer un pozo grande alrededor de un círculo de arena, pensó, y con la pequeña pala de plástico verde trazó un círculo imperfecto pero que igual servía para completar sus planes.

Tiene que tener conchillas en las ventanas y un foso profundo lleno de algas pensó. Mientras tanto se secaba el sudor que le corría entre el cerquillo desgreñado. Tiene que ser muy alto, más alto que el horizonte pensó mientras formaba un cono de arena en donde antes había trazado un círculo amplio y ponía sobre el montículo la palma pequeña de su mano sabiendo que la marca era también precaria y perecedera.

No va a tener dragones ni príncipes pensó. Solamente los diseños de arena empapada en agua formando estilizadas torres que iban a verse a lo lejos cuando cayera el sol bajo los pinos. No va a tener tapices ni gente ni puente levadizo, aunque sí va a verse el foso lleno de algas separando la playa del castillo.

Mientras tanto le crecía el pelo en mechones rebeldes como las crines de algún caballo dorado y se le agrandaban las manos que se volvían más finas con los dedos largos que se iban llenando de pulseras y de anillos.

Tengo que hacer que crezca más que el horizonte pensó y trajo con su cuerpo mas largo y más pesado tres baldes donde echó varias paladas de arena para decorar el cono sobre la playa desierta.

El foso solo va a tener algas verdes; no quiero las violetas ni las rojas pensó mientras la figura se le iba modelando y sobre el cono a contraluz del mediodía se veía el perfil de los senos que iba dividiendo a la fracción de la luz de la fracción que quedaba a la sombra de su cuerpo.
No va a tener puerta de entrada ni de salida, pensó y sintió un poco de frío por el viento que se levantaba. A lo lejos veía al hijo correr de la mano de su padre acercándose al agua y alejándose asustado cuando venían las olas.

Voy a empezar a decorar la base, pensó. Siempre es mejor empezar por la base hacia arriba y fue extrayendo delicadas porciones de arena con las uñas nacaradas alineando en círculos cada vez más estrechos las gotas que caían sobre el castillo que cortaba en dos el horizonte. El hijo jugaba a la pelota en una cancha improvisada con cuatro chancletas que marcaban el lugar donde irían los dos goleros.


La arena está muy seca pensó. Tengo que ir a la orilla para llenar los baldes de nuevo. El hijo estudiaba de un libro de historia sacándose la arena espesa de la boca mientras miraba de a ratos a las muchachas que caminaban despreocupadas hacia el muelle.

Las conchillas no tienen que tener los bordes rotos pensó y las fue seleccionando una por una de la pequeña bolsa de nylon en donde se mezclaban algunas formas blancas casi translúcidas con otras más rosadas o de color tostado y las iba colocando sobre el castillo chorreado como si fuesen párpados. El hijo y su novia leían a lo lejos: de a ratos completaban un juego de palabras cruzadas.

Tengo que construir cuatro torres que no apunten ni al sur ni al norte , al este o al oeste. Cuatro torres que estén cerca del vértice pensó y el sol le iba secando el pelo transpirado hasta que al pasar su marido recogió un gorro de paja y se lo puso en la cabeza para que no se insolara.


Tengo que decorar la punta del castillo. Tengo que construir la torre más abstracta, la más fina, con gotas de arena mojada que parezcan suspenderse en el aire y no ser parte de toda la estructura, pensó y fue sacando del balde con manos como seda arrugada los restos de la arena, mirando a través de los lentes el castillo completo que separaba una mitad del horizonte de la otra mitad pero que no llegaba a tapar la visión de la isla. Tengo que terminar este castillo aunque crezca el mar y se devore a la arena de este círculo. Tengo que construir otro castillo que me impida percibir esta isla pensó y se recostó agotada a descansar al fin sobre la arena.






texto: ©VerónicaD'Auria
ilustraciones: ©RossanaPiccini





Verónica D’Auria (Montevideo,1963) es Licenciada en Letras de la Facultad de Humanidades. Estudia periodismo en la Asociación Cristiana de Jóvenes en 1982 y 1983. Trabaja como docente de lengua y literatura inglesa desde 1988. Publica un libro de poemas concretos,(E) Lecciones (Ediciones de Uno,1992), un libro de entrevistas junto con la poeta Silvia Guerra, “Conversaciones oblicuas entre la cultura y el poder” (Grupo Editor Caracol al Galope, 2002), una recopilación de cuentos y narraciones, “La última barrera” (G.E. Caracol al Galope, 2004), cuentos breves: “Telón de fondo” (Artefato, 2005) y "Las Alas de Piedra", 2008. También ha publicado artículos en publicaciones especializadas locales y del exterior (Chile, Inglaterra, EEUU, Polonia).


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15.8.09

PARSUA BASHI - ILUSTRADORA IRANÍ








Parshua Bashi nació el 22 de abril de 1966 en Teherán, Irán. Cursó la Facultad de Bellas Artes de Irán entre 1984 y 1989 graduándose en diseño gráfico. Además de sus trabajos en diseño, publicidad y tipografía, Bashua se ha concentrado (especialmente como freelancer) en diseños de tapas de libros para editoriales iraníes, posters y folletos para una vasta diversidad de manifestaciones artísticas y culturales. En 1999 publicó su primer libro ilustrado para niños "A Baby's First-Year Calendar Of Memories". Ha sido considerada la ilustradora iraní más destacada y prolífera de la actualidad.
En Junio de 2003 fue invitada por la Fundación Iraní de Estudios sobre la Mujer a participar de su 14° conferencia realizada en Londres.
Parshua Bashi ha apoyado constantemente el trabajo de las editoras y escritoras mujeres en su país y colabora con varias ONGs dedicadas a la mujer y con mujeres escritoras free-lance. Viviendo bajo las limitaciones de la sociedad iraní actual no deja de creer que a pesar de las circunstancias limitantes, uno puede intentar desarrollar un vocabulario personal que permita la expresión de contenidos y valores específicos, y en este proceso ha hecho lo posible por preservar el espíritu de la historia y el arte persa en su trabajo.
Su primera novela gráfica "Nylon Road" fue publicada por Kein & Aber Publishing en alemania en noviembre 2006.

Vive en Zurich desde el año 2004.
página web: parsuabachi.ch



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22.7.09

EL GENJI MONOGATARI Y MURASAKI SHIKIBU: "LA PRIMERA NOVELISTA MODERNA DE LA LITERATURA MUNDIAL"




El GENJI MONOGATARI (o "LA HISTORIA DE GENJI") es considerada la primera gran novela de la literatura mundial. Fue escrita en Japón a comienzos del siglo XI por una dama de la corte llamada MURASAKI SHIKIBU (973-c. 1025). En su traducción al inglés la obra consta de 1200 páginas.

Las primeras dos terceras partes del libro cuentan la historia de Genji, "El Príncipe Brillante", desde sus experiencias como joven amante hasta su madurez; sus relaciones y sus avatares políticos: alejado del poder, en el exilio y en el poder. Por sobre todo, él es un bailarín, un cantante y un poeta: "un hombre de todas las artes" . Pero el Genji Monogatari no es exclusivamente la historia de Genji; el capítulo 42 comienza informándonos: "Genji ha muerto" y el personaje central en el último tercio del libro pasa a ser Kaoru, supuestamente hijo de Genji pero en realidad hijo de su mejor amigo Kashiwagi.

La novela no está estructurada como la mayoría de las novelas occidentales porque, aunque generalmente en orden cronológico, donde un evento lleva a otro, parecería (para un lector occidental) que la escritora prestara poca atención a la trama mientras toda ella está centrada en los personajes mismos.

[(¿Por qué se me ha venido a la memoria Virginia Wolf?)]

Poco se sabe sobre Murasaki, excepto que estuvo casada con Fujiwara Nobutaka y que escribió un diario sobre la vida en la corte durante el reinado de la emperatriz Akiko que, eventualmente, transformó en novela. También escribió "El Diario de Murasaki Shikibu". Algunos la consideran la primera novelista moderna del mundo. Cuenta la historia que de niña sobresalía por su inteligencia, lo cual llevó a su padre a exclamar: "¡Qué feliz sería si hubieras nacido varón!". Sin embargo, éste permitió que Shikibu estudiara junto a su hermano, e incluso le permitió acceso a los Clásicos chinos de la época, considerados "impropios" para las mujeres. Murasaki tuvo una única hija en el año 999.
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