EL DESCUBRIMIENTO DE MI DOBLE ORIENTALIDAD
(relato interlingüe)
Rossana Piccini
- "Rose-anna, come meet Turi", gritó Mrs. Miller desde el comedor.
- "Coming!", respondí subiendo la escalera.
En verdad no tenía ganas de conocer a nadie, pero no tenía alternativa. Muy a mi pesar iba a tener que compartir el baño de la casa donde me hospedaba en la pequeña ciudad de Cambridge, Inglaterra, con el alemán que se alojaría en el cuarto de en frente durante las siguientes dos semanas.
Dejé la mochila y el saco sobre la cama y bajé a cenar. Entré por la cocina y no por el living. Entré de locataria. ¿Y el alemán?
- "Funny, Rose-anna. You see, it wasn't a German after all."
- "Pleased to meet you"
- "And you."
- "You see, he comes from Afghanistan"
Un afgano, entonces, con pasaporte alemán. No lucía tan afgano como los que habitualmente vemos en los noticieros, pero lucía definitivamente oriental.
-"Rose-aan(a) is from Iúruguáy"
-"yep ...”(la “República Oriental del Uruguay”, pensé con cierta gracia al ver su cara de me-parece-que-nunca-oí-mención-alguna a ese extraño país).
Al día siguiente Turi buscó información sobre el extraño país en una enciclopedia on-line. Después de cenar se detuvo al pie de la escalera y con una sonrisa que le desdibujaba el rostro me informó:
- "Roj-shana, you know, your nationality...”
- “Yeah?”
- “You're oriental! Like me! We’re orientals!"
Por inverosímil que pareciera, en cierto modo era verdad: aunque en base a distintas coordenadas, ambos éramos orientales. Por primera vez desde el año 1975, "Año de
Lógicamente, le expliqué lo del río de los pájaros pintados y le tarareé la canción de Drexler ‘un país con el nombre de un río…’evitando entrar en demasiada profundidad en cuestiones de nombres propios o temas de aserción nacional bastante escabrosos y, a modo de divertimento, consideré apropiado intercambiar frases de orientalidad y enseñarle a Turi una o dos que repetiría hasta el cansancio en su extraño acento: "¡Que vivan los orientales!" y "Orientales la patria o la tumba". A su vez, yo aprendí que los persas y los árabes son naciones y razas distintas, que Afganistán fue, por muchos siglos, un país rico y poderoso y que el diamante más caro de la corona inglesa es afgano. También conocí canciones, probé shisha perfumado de frutas y un sinfín de orientalidades bastante interesantes. Sin embargo, nada ha tenido hasta hoy un mayor impacto, que descubrir en mí una supuesta (y exagerada) doble-orientalidad.
- "Did you know? Your name... Rochshana (así lo escribió desde la fonética alemana) is of Persian origin. It means something like the light in the sky at the beginning of the day..."
-"
-"No, a little before."
-"Dawn”.
Esta vez fui yo quién fue a consultar una enciclopedia on-line al día siguiente para verificar lo que nunca hubiera cruzado mi imaginación: mi nombre era, efectivamente, oriental. Más precisamente, de origen persa y quería decir algo así como “aurora”, “alba”, o, según la enciclopedia, “pequeña estrella” o “pequeña estrella del alba”. Estaba bien, al menos podía elegir.
Agradecida por la nueva dimensión que había cobrado mi orientalidad y la multiplicidad de opciones de usuarios de Internet y nicknames que me habría garantizado por varios años, invité a Turi a celebrar en el pub más cercano. Recitando poesías patrióticas y populares en nuestros propios idiomas, se hizo la hora de irme a dormir y despertar al alba de la mañana siguiente con un nuevo nombre propio y cierto reclamo, menos lógico que emocional, a una ciudadanía mundial.


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