I
“Yo de vos no me olvido nunca”
Bueno, para algo tenemos la memoria. Pero no sé por qué me da la impresión de que quisiste decir otra cosa, como si esa otra cosa fuera a impresionarme. Yo rara vez me olvido de la gente pero eso no los hace especiales. Son. Gente. Y están ahí. Como siempre. Pero creo que la verdad es que no me interesan. La verdad es que a nadie le interesa. Pero somos todos ‘buenos’ y aprendemos a decir, como si las palabras fueran lo esencial, como si las palabras crearan la realidad… Y eso sí puede ser verdad. Una verdad irreal. …Entonces desconociendo la realidad real de la realidad me arriesgo a interpretar y – por así decirlo – crear la realidad irreal de la irrealidad, o sea, la realidad irreal de la verdad, y te digo casi solemnemente, con un refuerzo de realidad en el tono y entonación, con las pupilas dilatadas y la mirada casi tan irreal como el empeño: “Yo tampoco.” “Yo de vos no me olvidaré nunca”.
II
“Soy otra persona. Creéme.”
Con toda certeza. Siempre somos otra persona. También lo eras antes. Por eso no te conozco ni te conoceré algún día. Y eso es bueno, porque… ¿de qué me serviría conocerte hoy, así, si dentro de poco seré yo otra persona frente a vos y no te reconoceré porque no te habré conocido?
III
“Para mí las cosas no se acaban así y punto.”
…Me dijiste tras la máscara del teléfono y yo me quedé pensando en cómo es que las cosas acaban, cuando acaban, si se acaban… ¿o se acaban sin acabar? Porque yo creía que las cosas acabadas se habían acabado, o al menos así parecía. Pero quizás mi percepción radical de las cosas (tanto acabadas como no acabadas) estaba equivocada o confundida como queriendo afirmar sin posible demostración científica que acabar era una acción irreversible, y, por así decirlo… acabada . Pero tus palabras telefónicas, certeras y agudas me despertaron del ensueño del fin para hacerme notar que ciertas cosas se acaban de a poco, casi como no acabando, hasta no acabar nunca, como tu amor inconcluso que hace tiempo está casi acabando sin acabar cabalmente.
IV
“Yo nunca miento”
(No comment)


3 comentarios:
Siempre somos otra persona. Optimista, siempre pienso que mienten los que dicen que la gente no cambia. Hasta cuando no quieren cambiar, cambian las reacciones que provocan en el resto. Yo nunca miento, acertada y deliberadamente vacío, podría incluso llamarse de otra forma en unos días, si el narrador decidiera decir yo siempre miento. Claro, si dijera siempre miento, no estaría mintiendo. Me recuerda a esos acertijos donde hay que adivinar cuál interruptor de luz es el que funciona. Salud, brindemos por el lenguaje. Es fantástico todo lo que se puede hacer con él. Diría que todo. Y creo que, siendo la persona que soy hoy, no miento cuando lo digo.
jaja acertada
nacer es utopico y hasta una suerte de mala suerte,aun vivr dentro de la utopica vida es bastante malo,pues se nos enseña a vivir de utopias,No sera la gran maquina ciberneurotopica la que nos utopiza tanto y todo,y cad parte del todo?Pues decir utopia es decir una mentira mas,asi mismo o al otro,ser de una sola forma de ser es otra mentira,por suerte no soy aquel,ni lo sere,estoy siendo el de hoy pensando como sera el de ,añana ,lo mintiendome lo se,pero no me quiten la ilusionde esta otrs utopia.Encontrarte y ver que ya has vuelto ser el mismo,asi el circulo se cierra.Tuve un hermano que ya no es,ni hermano ni humano,sera es la unica utopia verdarea ?osolo sera un pasaje a la nada.?soy un buen tipo,y esa mentira no la creo
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